Flora del Parque María Behety: 49 Especies que Mantienen Vivo el Humedal
Bajo el pasto del Parque María Behety hay un mundo invisible que sostiene toda la vida del parque. No son los dinosaurios de fibra de vidrio ni los barcos oxidados: son las 49 especies de plantas vasculares que actúan como la infraestructura oculta de este humedal urbano. Sin ellas, la laguna se secaría, las aves se irían y el terreno se convertiría en un desierto polvoriento en el corazón de Punta Arenas.
En este artículo exploramos en detalle la flora del Parque María Behety: qué especies lo habitan, por qué son tan importantes para el ecosistema del humedal, y cómo la declaración de protección de 2021 busca preservar este patrimonio vegetal que lleva décadas funcionando en silencio. Si quieres entender el contexto completo de cómo este parque pasó de ser un espacio recreativo a un humedal protegido, te recomendamos leer nuestra crónica sobre la metamorfosis del Parque María Behety.
- ¿Qué son las plantas vasculares y por qué importan?
- Las especies nativas: lenga y nirre
- El inventario biológico de 2021: lo que los expertos encontraron
- Servicios ecosistémicos: lo que la flora hace por Punta Arenas
- Amenazas a la flora: pisoteo, basura y especies invasoras
- La protección legal: Ley 21.202 y Resolución 648
- Flora y cambio climático: por qué proteger el parque es urgente
- Cómo observar la flora del parque
- Flora y aves: una relación de mutua dependencia
- Flora estacional: qué cambiar durante el año
- Corredores ecológicos: cómo la flora conecta el parque con la región
- Comparación con otros humedales urbanos de Chile
- Preguntas frecuentes
¿Qué son las plantas vasculares y por qué importan?
Para entender la flora del parque, primero hay que entender qué hace especial a una planta vascular. A diferencia de los musgos, que absorben agua directamente por su superficie, las plantas vasculares tienen un sistema interno de conductos — como si fueran venas — que les permite transportar agua y nutrientes desde las raíces hasta las hojas.
Según los registros citados en el podcast La metamorfosis del Parque María Behety, las plantas vasculares presentes en el parque, como la lenga y el nirre, actúan literalmente como bombas hidráulicas y esponjas gigantes: absorben agua, retienen la humedad en el suelo y estabilizan todo el terreno.
"Las raíces de esas plantas vasculares y la topografía de la laguna actúan como un riñón para la ciudad. Filtran contaminantes, regulan el ciclo del agua previniendo inundaciones y mantienen un equilibrio químico fundamental."
— Podcast La metamorfosis del Parque María Behety
Esa función de "bomba hidráulica" no es una metáfora bonita: es una descripción precisa de lo que hacen las raíces al aspirar agua del subsuelo, filtrarla a través de sus tejidos y devolverla limpia al ciclo hidrológico. En un terreno urbano como el Parque María Behety, esta función es la diferencia entre un ecosistema vivo y un estanque contaminado.
Las especies nativas: lenga y nirre
La lenga (Nothofagus pumilio) es el árbol emblema de la Patagonia chilena. En el Parque María Behety, estos árboles forman las copas que dan sombra a los senderos y actúan como barreras naturales contra el viento. Sus raíces profundas alcanzan las capas freáticas del humedal, extrayendo agua que luego filtra y devuelve al sistema.
El nirre (Nothofagus antarctica) es el compañero inseparable de la lenga. Más resistente al frío y a las condiciones extremas del sur, el nirre coloniza las zonas donde la lenga no puede prosperar. Juntos, estas dos especies crean un mosaico vegetal que cubre不同的 microhábitats dentro del parque: desde las zonas más secas de las colinas hasta los bordes húmedos de la laguna.
Pero la flora del parque no se limita a estos dos gigantes. El inventario biológico reveló 49 especies de plantas vasculares en total, incluyendo helechos, juncos, pastos y hierbas que forman el sotobosque del humedal. Cada una de estas especies tiene un rol específico en el ecosistema: algunas estabilizan el suelo, otras filtran contaminantes, y otras sirven de alimento y refugio para las 32 especies de aves del parque.
El inventario biológico de 2021: lo que los expertos encontraron
Cuando el Ministerio del Medio Ambiente evaluó el Parque María Behety para declararlo humedal urbano, los expertos realizaron un inventario biológico exhaustivo. No fue un paseo por el parque con una libreta: fue un levantamiento técnico que incluyó muestreos de vegetación, análisis de suelos, mediciones hidrológicas y conteo de especies a lo largo de varias estaciones.
El resultado fue contundente: 49 especies de plantas vasculares en un terreno de 23.7 hectáreas, de las cuales 4.3 hectáreas son el polígono central protegido. Para poner esto en perspectiva, una densidad de 49 especies en menos de 24 hectáreas es notable para un entorno urbano, especialmente considerando que el parque está asediado por ruido, tráfico y pisadas humanas.
"El inventario biológico que levantaron los expertos reveló una biodiversidad que resulta asombrosa si consideras que todo esto sobrevive dentro del límite urbano, asediado por ruido, tráfico y pisadas humanas."
— Podcast La metamorfosis del Parque María Behety
Lo que hace especial a estas 49 especies no es solo su cantidad: es que cada una cumple una función en la maquinaria del humedal. Las raíces de las gramíneas estabilizan los bordes de la laguna. Los helechos retienen humedad en las zonas sombreadas. Los juncos filtran los sedimentos antes de que lleguen al agua. Es un sistema interconectado donde la pérdida de una sola especie puede desequilibrar a todas las demás.
Servicios ecosistémicos: lo que la flora hace por Punta Arenas
Las plantas del Parque María Behety no están ahí solo para que se vean bonitas. Proveen servicios ecosistémicos queImpactan directamente la calidad de vida de los puntarenenses. Estos son los más importantes:
Filtración de contaminantes. Las raíces de las plantas vasculares absorben sustancias contaminantes del agua subterránea — metales pesados, residuos orgánicos, excesos de nitrógeno — y los procesan biológicamente. Sin este filtro natural, los contaminantes llegarían directamente al sistema hídrico de la ciudad.
Retención de humedad. En un clima tan extremo como el de Punta Arenas, donde los vientos del Pacífico pueden secar el suelo en horas, las plantas vasculares actúan como esponjas gigantes que absorben agua durante las lluvias y la liberan gradualmente durante los períodos secos. Esto mantiene el suelo húmedo y fértil.
Estabilización del terreno. Las raíces profundas de la lenga y el nirre anclan el suelo, previniendo la erosión causada por el viento y el agua. Sin esta red de raíces, las colinas del parque se desmoronarían, la laguna se llenaría de sedimentos y el ecosistema colapsaría.
Regulación del ciclo del agua. La vegetación del parque absorbe el exceso de agua durante lluvias intensas, previniendo inundaciones en los barrios circundantes. En un contexto de cambio climático, donde las precipitaciones son cada vez más erráticas, esta función es crítica.
Hábitat para la fauna. Las 49 especies de plantas vasculares proporcionan alimento, refugio y sitios de anidación para las 32 especies de aves del parque. Sin la flora, las aves simplemente no tendrían dónde vivir.
Amenazas a la flora: pisoteo, basura y especies invasoras
El expediente de declaración del humedal no solo listó las bondades de la flora: también diagnosticó amenazas letales que estaban destruyendo el ecosistema vegetal. Y la principal era, simplemente, la pisada humana.
Cuando la gente caminaba libremente por todo el parque — antes de la declaración de humedal en 2021 — los pisoteos sobre los canales naturales compactaban el suelo, destruía las raíces de las plantas vasculares y alteraba la hidrología del terreno. Especies como los juncos y los helechos, que dependen de suelos húmedos y sueltos, eran las más afectadas.
Otra amenaza eran las especies invasoras llevadas por los visitantes — semillas pegadas a zapatos, plantas decorativas arrojadas al terreno, semilleros de especies no nativas que competían con la flora del humedal por luz, agua y nutrientes.
Y, por supuesto, el problema crónico de los residuos sólidos. Los100 kilos de basura extraídos de la laguna en noviembre de 2025 incluían materiales que contaminaban el suelo y el agua, afectando directamente la salud de las plantas vasculares.
"La ley ahora prohíbe cualquier intervención que altere la vegetación del humedal. Las viejas costumbres se volvieron materialmente ilegales."
— Podcast La metamorfosis del Parque María Behety
La protección legal: Ley 21.202 y Resolución 648
En julio de 2021, la Resolución 648 del Ministerio del Medio Ambiente declaró al Parque María Behety como el primer humedal urbano de la Región de Magallanes bajo la Ley 21.202. Esta ley protege específicamente los humedales urbanos, estableciendo que cualquier intervención que altere la vegetación del humedal está prohibida.
¿Qué significa esto en la práctica? Significa que no se puede talar un árbol, no se puede arrancar una planta, no se puede modificar el curso del agua, no se puede compactar el suelo. La protección es total y abarca las 23.7 hectáreas del parque, con el polígono central de 4.3 hectáreas como zona de máxima protección.
Esta protección legal es lo que permitió al SERVIU aprobarel megaproyecto de mejoramiento de 2026: las obras buscan restaurar el ecosistema, no destruirlo. El cerco perimetral de 2.156 metros, los 12 accesos peatonales controlados y los senderos accesibles están diseñados para reducir el impacto humano sobre la flora del humedal.
Flora y cambio climático: por qué proteger el parque es urgente
En un contexto de cambio climático, la flora del Parque María Behety adquiere un valor estratégico que va más allá de la biodiversidad local. Las plantas vasculares del parque regulan el microclima de toda la zona circundante: absorben calor durante el día, lo liberan durante la noche, mantienen la humedad del aire y filtran los contaminantes atmosféricos.
Si el ecosistema vegetal colapsara, Punta Arenas perdería una infraestructura verde natural que es extremadamente costosa de reemplazar artificialmente. Un sistema de filtración de agua comparable al que provee la flora del parque costaría millones de pesos en ingeniería convencional. Y no funcionaría tan bien.
Las raíces de las plantas vasculares también actúan como sumideros de carbono, absorbiendo CO₂ de la atmósfera y almacenándolo en el suelo. En un mundo que busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, proteger estos ecosistemas naturales es una de las estrategias más eficientes y económicas disponibles.
Cómo observar la flora del parque
Si planeas visitar el Parque María Behety para observar su flora, hay algunas recomendaciones importantes. Primero, respeta los senderos designados. El pisoteo fuera de los senderos es una de las principales amenazas para la vegetación del humedal. Segundo, no recolectes plantas ni semillas: la Ley 21.202 prohíbe cualquier intervención que altere la vegetación.
Tercero, observa con atención. Las plantas vasculares más interesantes no siempre son las más vistosas. Los helechos que crecen bajo las copas de los-arrayanes, los juncos que bordean la laguna, los pastos que cubren las colinas — cada uno tiene una historia que contar sobre cómo la vida se adapta a las condiciones extremas del extremo sur.
Para un plan completo de visita, consulta nuestra guía sobre cómo llegar al Parque María Behety, donde encontrarás información sobre accesos, horarios y las mejores rutas para observar la flora del humedal.
Flora y aves: una relación de mutua dependencia
No se puede entender la flora del Parque María Behety sin considerar su relación con las 32 especies de aves que habitan el parque. Esta conexión es bidireccional: las plantas proveen alimento y refugio a las aves, y las aves dispersan las semillas de las plantas a través de sus deposiciones.
La bandurria, por ejemplo, busca su alimento entre los juncos y las gramíneas que bordean la laguna. El pato juaral anida entre las raíces de las plantas acuáticas que crecen en las aguas someras. Las aves migratorias que cruzan continentes necesitan esos bordes vegetales densos para protegerse del viento y descansar antes de continuar su viaje.
Sin la flora, las aves simplemente no tendrían dónde vivir. Y sin las aves, muchas especies de plantas perderían su principal mecanismo de dispersión de semillas. Es un círculo virtuoso que se ha mantenido durante décadas, y que la declaración de humedal busca preservar para las generaciones futuras.
Flora estacional: qué cambiar durante el año
La flora del Parque María Behety no es estática: cambia con las estaciones. En primavano (septiembre a diciembre), los pastos y hierbas florecen, cubriendo las colinas con tonos verdes intensos. Las aves migratorias regresan del hemisferio norte y comienzan a anidar entre la vegetación.
En verano (diciembre a marzo), la lenga y el nirre muestran su follaje más exuberante. Las temperaturas más cálidas permiten que especies de helechos y musgos proliferan en las zonas sombreadas. Es el mejor momento para observar la diversidad vegetal del parque.
En otoño (marzo a junio), la lenga cambia de color, pintando el parque con tonos rojizos y dorados que son icónicos de la Patagonia. Las hojas caídas se descomponen y enriquecen el suelo con nutrientes que serán utilizados por las plantas durante la primavana siguiente.
En invierno (junio a septiembre), la laguna se congela gracias al clima austral y la vegetación entra en un período de latencia. Pero bajo el hielo, las raíces de las plantas vasculares siguen trabajando: absorben agua, filtran contaminantes y preparan el terreno para el despertar primaveral. Es también cuando la laguna congelada funciona como pista de patinaje natural, una experiencia única de Punta Arenas.
"El clima patagónico aporta la ingeniería natural para el patinaje. Pero la mezcla visual — topografía natural, barcos históricos y megamamíferos del pleistoceno — llama muchísimo la atención."
— Podcast La metamorfosis del Parque María Behety
Corredores ecológicos: cómo la flora conecta el parque con la región
El Parque María Behety no es una isla ecológica aislada. Las 49 especies de plantas vasculares que lo habitan forman parte de una red de corredores ecológicos que conectan el parque con otros espacios naturales de la Región de Magallanes. Las semillas de la lenga y el nirre viajan con el viento hasta los bosques circundantes. Las aves migratorias que descansan en el parque continúan su viaje hacia la Reserva Nacional Magallanes y más allá.
Esta conectividad es crucial para la supervivencia de las especies. En un mundo donde los fragmentos de bosque están cada vez más aislados entre sí por la urbanización, los parques urbanos como el María Behety funcionan como "islas de biodiversidad" que mantienen vivos los corredores naturales. Si el ecosistema vegetal del parque colapsara, no solo perderíamos 49 especies en un terreno de 23 hectáreas: cortaríamos un eslabón crítico en la cadena ecológica de toda la región.
La flora del parque también conecta el presente con el pasado. Las especies nativas que hoy crecen en el María Behety son las mismas que cubrían la Patagonia hace miles de años, antes de que llegaran los primeros habitantes humanos a la zona. Proteger estas plantas es proteger un vínculo directo con la historia natural de este extremo del mundo.
Comparación con otros humedales urbanos de Chile
Chile cuenta con una red creciente de humedales urbanos protegidos. El Humedal Estero Mocha en Concepción, el Humedal La Boca en Valparaíso, y el Humedal Del Medio> en Santiago son algunos ejemplos. Pero el Parque María Behety tiene algo que pocos humedales urbanos pueden igualar: una historia de 80 años de uso recreativo que ha dado lugar a una biodiversidad notable.
Mientras otros humedales urbanos enfrentan amenazas de desarrollo inmobiliario o contaminación industrial, el María Behety enfrenta un desafío diferente: reconciliar el uso recreativo tradicional con la protección estricta. Las obras de 2026 buscan resolver este conflicto mediante una gestión inteligente del acceso, no mediante la prohibición total.
Para conocer más sobre los espacios naturales de la región, explora nuestra sección de reservas y áreas naturales, donde encontrarás información sobre la Reserva Nacional Magallanes y otros espacios protegidos de Magallanes.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas especies de plantas tiene el Parque María Behety?
El inventario biológico de 2021 registró 49 especies de plantas vasculares en el parque, incluyendo la lenga, el nirre, helechos, juncos, pastos y hierbas. Estas especies forman el ecosistema del humedal y proveen servicios ecosistémicos vitales para la ciudad.
¿Por qué las plantas vasculares son importantes para el humedal?
Las plantas vasculares tienen un sistema interno de conductos que les permite transportar agua y nutrientes desde las raíces hasta las hojas. Actúan como bombas hidráulicas que absorben agua del subsuelo, la filtran y la devuelven limpia al ciclo hidrológico. También estabilizan el terreno, retienen humedad y proveen hábitat para las aves.
¿Qué es la lenga y el nirre?
La lenga (Nothofagus pumilio) y el nirre (Nothofagus antarctica) son árboles nativos de la Patagonia que forman el bosque principal del parque. La lenga es el árbol emblema de la zona, mientras que el nirre es más resistente al frío y coloniza las condiciones extremas. Juntos crean un mosaico vegetal que cubre diferentes microhábitats.
¿Qué amenazas enfrenta la flora del parque?
Las principales amenazas son el pisoteo humano (que compacta el suelo y destruye raíces), las especies invasoras (llevadas por visitantes), los residuos sólidos (que contaminan el suelo y el agua) y los cambios en la hidrología causados por la actividad humana sin regulación.
¿Se puede tocar o recolectar plantas del parque?
No. La Ley 21.202 prohíbe cualquier intervención que altere la vegetación del humedal. Esto incluye arrancar plantas, recolectar semillas, cortar ramas o modificar el suelo. La única forma responsable de observar la flora es permaneciendo en los senderos designados y no disturbando el ecosistema.
¿Cómo protege el megaproyecto de 2026 a la flora?
El megaproyecto del SERVIU incluye 2.156 metros de cerco perimetral que restringe el acceso a 12 puertas peatonales, reduciendo el pisoteo sobre las zonas sensibles. Los 4.000+ metros cuadrados de senderos accesibles canalizan el tránsito humano lejos de las raíces de las plantas vasculares. La iluminación no invasiva respeta el ciclo natural de las especies nocturnas.
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